El llamado a la santidad a través de la entrega generosa del político.

| November 12, 2018

Es solo a través de una verdadera vocación de servicio en la que se puede comprender el sentido primero de la vocación política. Partiendo de que el amor es el motor de nuestra vida como cristianos, el servicio al prójimo es la exhortación de Dios Padre de cómo se manifiesta en nosotros para volvernos instrumento y testimonio de ese amor.

La labor de aquellos quienes se atreven a llamarse discípulos de Cristo consiste en velar la justicia y la paz, a través de la búsqueda de la santidad tomando en cuenta “los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo” comprendiendo que toda autoridad, virtud y beneficio se nos fue dado para dar gloria a Dios y la entrega generosa a los demás.

¿Por qué buscar la semejanza con Cristo en el actuar político? Por la imperiosa necesidad de una iglesia militante capaz de continuar la misión evangelizadora que, sin importar la persecución,  responda con fidelidad la búsqueda de la salvación de las almas, en un lenguaje más técnico, el bien común. Así como la cruz de Cristo nos recuerda la promesa de la vida eterna a través del sacrificio debemos abrazar la misión que se nos ha puesto al prescindir un cargo público, autoridad o poder como un llamado a servir, permitir que en el actuar público, como ese misterio personal, refleje a Jesucristo en el mundo de hoy.

El protagonismo que da la vida pública y el poder interpone ciertas limitantes en nuestra condición humana que dominadas por el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no dan sentido al camino de santificación. Necesariamente se debe poner nuestra debilidad humana corruptible en la puesta valiente de querer asemejarnos a Cristo y pedir intercesión para que sea Él reflejado en nuestro actuar como camino de santidad y de santificación de nuestros semejantes. 

El Papa Francisco confirma “Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia, y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos y renuncias que implique […] no te santificaras sin entregarte en cuerpo y alma en dar lo mejor de ti en ese empeño”. Si lo vemos en un ámbito social, no está tan alejado de la realidad y del ejercicio político, ya que, esto implica un compromiso de ofrecer tus mejores cualidades que, en un sistema democrático, son elegidas para representar a una población que confió en ti, para ser su representante. Así también es la apuesta de Dios al darte esas virtudes, en la confianza misericordiosa de la esperanza de que sean usadas en la construcción del reino y la salvación de las almas. Él ya te había elegido, entre tantos, para ser su instrumento.

No toda la política nos lleva a la santidad pero si la santidad nos puede llevar a una buena política, la aspiración de trascender en este mundo lleva explícito el compromiso de no ser indiferentes ante la injusticia, de ponerse en el lugar del oprimido y del perseguido para reconocer que, si se nos ha dado una realidad privilegiada, sea ésta el motor para “partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desatenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora”.  Que sea esa luz, el testimonio de Cristo vivo.

No permitamos que el hedonismo de la sociedad actual nos aleje del encuentro con Dios, y volteemos los ojos al Evangelio y a la oración permanente para que cercanos al Padre podamos también estar cercanos a nuestros hermanos. En medio de la persecución actual, busquemos ofrecer una vida diferente, más sana y más feliz. Cual sea el camino que el Señor ha puesto delante nuestra busquemos siempre la verdad y abracemos nuestra cruz para enfrentar con valentía las tentaciones y seamos capaces de no titubear ante las tribulaciones, llevando en acción las bienaventuranzas. Un corazón dispuesto al servicio y la renuncia de uno mismo es siempre la cuna de una sincera vocación.